





Empieza trazando un mapa de dos horas a la redonda. Averigua qué cooperativas, escuelas técnicas, museos y asociaciones de barrio custodian talleres. Pide visitas, no audiencias. Lleva tus manos, no discursos. Anota cómo te sientes con los olores, el ritmo del lugar y la manera de corregir. Si te invitan a volver, cumple. Si te aconsejan esperar, agradece. Elegir bien a quién seguir ahorra años, dinero y frustraciones, y abre amistades que sostienen en temporadas difíciles.
Las convocatorias cambian por país y financiación, pero suelen pedir disponibilidad semanal, seguros y una carta que explique qué quieres aprender y qué puedes aportar. Revisa centros culturales municipales, programas transfronterizos y redes de artesanía. No prometas resultados imposibles; promete presencia atenta. Incluye referencias, fotos claras y un calendario honesto. Si no te seleccionan, solicita retroalimentación. A veces un ajuste pequeño en objetivos o tiempos vuelve viable tu propuesta sin traicionar tu forma de trabajar.
Nos interesa que este espacio viva gracias a voces diversas. Cuéntanos cómo aprendiste a sostener una gubia, quién te enseñó a afilar, por qué elegiste una fibra y no otra. Publicaremos relatos, errores memorables y glosarios locales para que más personas comprendan la riqueza de la región. Envía imágenes en proceso, no solo resultados perfectos. Responde a otras publicaciones con respeto. Suscríbete para recibir nuevas residencias y encuentros. Cada historia añadida ensancha el mapa colectivo.